Practico yoga desde hace más de diez años y, con el tiempo, sentí el deseo de profundizar en su aspecto terapéutico, para integrarlo de manera respetuosa y consciente en mi trabajo clínico.
Este impulso me llevó a formarme en la India, donde realicé varios cursos para convertirme en profesora de Hatha y Yin Yoga.
En ese contexto tuve la oportunidad de conectar con las raíces más auténticas y tradicionales del yoga, donde la práctica no está orientada al rendimiento, sino al escucha profunda del cuerpo, a la presencia y al reconocimiento de las emociones.
A través de la respiración, el movimiento lento y una atención amable hacia uno mismo, aprendí una forma de practicar que abre un espacio interior de calma, conciencia e integración.
En mi enfoque, el yoga se propone como una herramienta complementaria al trabajo psicológico, útil para explorar y regular el mundo interno también a través del cuerpo.
Las prácticas que utilizo no tienen como objetivo “corregir” o “mejorar” algo, sino ofrecer un entorno seguro en el que observar y acoger las sensaciones físicas y emocionales que emergen, apoyando un proceso de reconexión con uno mismo.